Muda, sencillamente sin palabras,
amables o toscas, bellas o vanas.
Turbada la memoria como un clavo que atraviesa la garganta.
Sentada en un cine sin butacas, temblando en una estancia sin ventanas.
Con la lengua fuera de su sitio y las sílabas de espaldas.
Dolida, dolorida,
porque secas, quedaron
en mi boca las palabras.